Vanessa respiraba agitadamente mientras tiraba ropa dentro de una maleta. No pensaba quedarse ni un segundo más en ese apartamento. No después de lo que acababa de ver.
Nico, su fiel compañero, la miraba desde la puerta con las orejas bajas, percibiendo su angustia.
—Nos vamos, Nico —murmuró con la voz temblorosa, acariciándole la cabeza.
El perro gimió suavemente, como si entendiera que algo estaba mal.
Mariana que acababa de llegar después de la llamada de auxilio y Sofía la observaban desd