El sol brillaba alto en el cielo mientras Vanessa y Alex pasaban la tarde en el jardín de su casa.
Vanessa estaba sentada en el césped, hojeando un libro de diseño, mientras Alex, con una cerveza en la mano, la observaba con una media sonrisa. Cerca de ellos, Nico corría de un lado a otro, rebosante de energía.
De repente, el perro se detuvo bajo el gran roble y empezó a cavar frenéticamente, lanzando tierra en todas direcciones.
—¿Qué haces, niño? —preguntó Vanessa, entrecerrando los ojos con