El ambiente en el bar estaba en su punto más alto. La música vibraba, las risas resonaban y Vanessa, con unas copas de más, estaba más desinhibida que nunca.
—Sabes, Montenegro —dijo de repente, inclinándose hacia Alex y señalándolo con el dedo—. Eres… ridículamente sexy.
Alexandro arqueó una ceja, divertido.
—¿Ah, sí?
Vanessa asintió con vehemencia, bebiendo otro trago.
—Mmm sí… pero también eres un mandón… un gruñón… ¡y un celoso de mierda!
Sofía y Mariana estallaron en carcajadas, mientras D