La camarera con poca ropa, traía con elegancia los aperitivos. La semana pasada mi trabajo era el mismo, incluso peor.
Ella me ofreció una copa, sonrió y aceptó incómoda.
Mi mano tiembla, no puedo darles una mala impresión.
—Entonces, ¿Quién es ella, Hervas? —pregunta un tipo guapo de unos 40 años aproximadamente, a pesar de su cabello gris, su cuerpo emana vitalidad y elegancia.
—Eso es irrelevante para tí. —Sin el mínimo tacto, Emanuel corta la conversación.
Humedezco mis labios en la Copa d