Mis manos no dejan de temblar. Colocó la charola sobre la mesa.
—¿Estás bien?. Estás muy pálida.
—No, no tendría que haber venido. —Ese rostro, estoy segura que es él tipo de esa noche, debo salir de este lugar.
—¡Calmate!. —Roxi sujeta mis hombros.
—No entenderás.
—¡¿Crees que esto es un juego?!, somos hormigas para ellos Lisa, puedes perder tu vida aquí, ¡¿Qué hará tu madre sin ti?.
—No quiero entrar a ese lugar. —Estoy segura que ese hombre se dirigía a esa habitación, nos aclararon que es l