Después de debatirlo internamente una y otra vez, Maya había tomado una decisión.
Era demasiado orgullosa para aceptar un regalo tan caro y demasiado desconfiada para no pensar que podía venir acompañado de alguna condición. Pero la sonrisa de su hijo había bastado para inclinar la balanza.
Si en algún momento Thiago hacía alguna exigencia extraña, entonces le devolvería la tableta, aunque eso le rompiera el corazón a Zak.
La puerta del despacho de Thiago estaba cerrada y esperaba encontrarlo a