Ethan estaba agotado y, de vez en cuando, cabeceaba por el sueño. Se pasó las manos por el rostro antes de dirigir la mirada hacia Naomi. Ella dormía profundamente.
Habían sido horas largas y extenuantes para Naomi. Aunque había roto fuente al mediodía, su hija no nació hasta la una de la madrugada. Durante todo ese tiempo, ella tuvo que soportar las contracciones, el agotamiento que le provocaban y, finalmente, el parto.
El respeto de Ethan por ella —y por las mujeres en general— había crecido