Maya tragó saliva, tratando de deshacer el nudo que se le había formado en la garganta y que le impedía hablar. Cuando se había levantado aquella mañana, jamás se le habría ocurrido pensar que Thiago terminaría arrodillado ante ella con un anillo tan hermoso entre los dedos.
Él no tenía por qué hacer aquello y, aun así, había decidido hacerlo. No importaba si su matrimonio sería solo un acuerdo conveniente o si algún día llegaba a su fin; ese instante quedaría grabado en su memoria para siempre