Thiago colocó una mano en la espalda de Maya y le indicó que se recostara sobre el agua. Ella lo hizo con cierta duda. Entonces él la sujetó por las piernas para ayudarla a levantarlas y mantenerlas alineadas con el resto de su cuerpo.
—Cierra los ojos y relájate —le indicó al oído.
Maya los mantuvo abiertos.
—Vamos, hermosa. Confía en mí.
Soltó un suspiro y obedeció.
Sintió cómo Thiago comenzaba a guiarla a través del agua mientras ella seguía flotando. No le parecía tan mal, así que poco a po