Teo aparcó el auto y apagó el motor antes de girar la cabeza.
—Hannah —la llamó en un susurro, pero no obtuvo respuesta.
Ella se había quedado dormida poco después de contarle todo. No le sorprendía; después de abrirse así y vaciar lo que llevaba dentro, debía de estar agotada.
Su respiración era pausada, y algunos mechones de cabello caían sobre su rostro, ocultándolo parcialmente. El rastro de las lágrimas había desaparecido de sus mejillas; ella se las había limpiado en cuanto dejó de llora