Maya soltó un suspiro cuando finalmente terminó con su trabajo. Guardó el carrito de limpieza y revisó la hora en su celular. Había acabado antes de lo esperado; no tener que ir a comprobar que su hijo seguía bien cada cinco minutos definitivamente había ayudado.
Por supuesto, había ido a verlo una vez. Y se había sentido mucho más tranquila al encontrar a Thiago acomodado en el sillón junto al que ocupaba Zak, trabajando mientras una nana sonaba suavemente de fondo.
Maya se dirigió a la oficin