Naomi dudó un segundo antes de entrar al auto.
El interior estaba impregnado del aroma de Ethan, ya grabado en su memoria. Masculino, limpio y profundo. No pudo evitar tomar una respiración profunda y cerrar los ojos un momento.
Cuando él se acomodó detrás del volante, el espacio pareció reducirse. Era demasiado consciente de su cercanía, como si sus cuerpos estuvieran a punto de rozarse.
—¿Necesitas ayuda con el cinturón? —preguntó Ethan, mirándola con las cejas levantadas.
—¿Qué? No… no —d