Maya sonrió al ver a su hijo correr hacia uno de los estantes repletos de juguetes con el rostro iluminado por la emoción.
Zak apenas tenía los juguetes que otras personas le habían regalado y algunos sencillos que ella misma había comprado en puestos de la calle.
Siempre había evitado llevarlo a una juguetería. No quería crearle falsas ilusiones para luego ver cómo sus ojos se llenaban de lágrimas al tener que decirle que no porque el dinero no le alcanzaba para comprarle lo que quería. Pero a