Maya abrió los ojos al sentir una mano sobre el rostro. Una sonrisa se dibujó en sus labios al encontrar a Zak despierto y sentado a su lado. El pequeño le devolvió la sonrisa.
—Mamá.
—Hola, mi amor. ¿Cómo te sientes?
Llevó una mano hasta su frente y suspiró aliviada al comprobar que la fiebre había desaparecido.
Soltó un bostezo y cerró los ojos apenas unos segundos.
Estaba agotada.
Se había dormido tarde y apenas había descansado unas horas. Estaba segura de que no podían ser más de las sie