El doctor estaba revisando a Zak. De vez en cuando le hacía algunas preguntas a Maya; otras veces rompía el silencio con palabras suaves dirigidas a su pequeño. El médico había llegado en menos de media hora, pero incluso así la espera se había sentido eterna.
Mientras aguardaban, Thiago la había ayudado a colocar los paños tibios mientras ella sostenía a Zak y le hablaba para tranquilizarlo. Había sido un alivio poder concentrarse únicamente en calmar a su hijo mientras alguien más se ocupaba d