Maya no obtuvo respuesta, así que lo llamó una vez más, con el mismo resultado.
Volvió a dudar, pero la preocupación terminó imponiéndose. Se acercó al sofá y se detuvo frente a él.
Thiago siempre se veía impecable. Mantenía esa apariencia de hombre que tenía todo bajo control. Sonreía, hacía bromas ocasionales y rara vez dejaba entrever cuánto peso cargaba realmente sobre los hombros, aunque en sus conversaciones a veces asomaba el agotamiento que intentaba ocultar.
Dormido, sin embargo, todas