Maya siguió llorando durante varios minutos. No recordaba la última vez que se había permitido desahogarse de verdad. Durante años se había tragado las lágrimas y seguido adelante sin importar cuán difíciles se pusieran las cosas.
Poco a poco los sollozos comenzaron a disminuir.
Fue entonces cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo... y de en brazos de quién estaba.
Se tensó y abrió los ojos de golpe. Dio un paso atrás tan rápido que estuvo a punto de tropezar con la silla en la que había