Bajo las escaleras y hay una chica con el uniforme del servicio limpiando los muebles.
—¿Se le ofrece algo joven? —me pregunta.
—¿Por qué limpian a esta hora? —la interrogo ya que todavía falta para que amanezca.
—A la señorita Justine no le gusta que haya polvo por la mañana —me explica.
—Podría regalarme un café, por favor —le pido.
—Claro, sígame.
Lo hago y entramos a una cocina muy espaciosa, no sé si tenía la cafetera encendida o qué hizo, pero no tarda en poner una taza con café