—Podría ser importante, Adeline —insinuó Sebastián con suavidad al ver que el teléfono no dejaba de vibrar. —No voy a responder —sentenció ella de forma rotunda, sin apartar la vista de su plato.
Fiona, que conocía bien la situación, soltó una risita burlona: —Las únicas llamadas que nuestra Adeline ignora con tanto fervor son las de la familia Sutton... o las de Damian.
Mientras tanto, en su oficina, Damian vio cómo la llamada era rechazada por tercera vez. Una sonrisa gélida curvó sus labios,