Sienna sonrió con suficiencia: —Yo también pensaba lo mismo. Como si Adeline pudiera controlar a quién llamo Damian en la intimidad. ¡Hmph! Solo es una piedra en el camino.
De regreso al Hotel Thorne, Adeline dejó su equipaje en la habitación y, sin perder un segundo, se dirigió al sitio de la construcción. Helena la llevó en el auto, pero Adeline, sintiendo la necesidad de recuperar su independencia, le dijo con firmeza: —Puedes volver a la ciudad, Helena. No estoy embarazada y la conmoción ha