— ¿Qué pretendes hacerle a mi hermana, maldito?.... — me decidí a gritarle
Ante mi grito desesperado atrás de la puerta solo obtuve como respuesta el silencio, sentí su angustia al enterarse de que yo había escuchado todo, la respiración agitada de Eduardo era cada vez más ensordecedora, di un golpe tras otro a la puerta, desesperada, suplicando que abriera para mirar sus malditos ojos y que me dijera qué pretendía hacer.
— Abre, maldito, abre, a mí hazme todo el daño que quiera, pero a Lucr