( Eduardo)
El hospital no se parecía a nada de lo que conocía, porque allí no importaban los apellidos ni las decisiones bien calculadas, tampoco el dinero ni la imagen que uno proyectaba; allí todo se reducía a lo esencial, a lo que no se podía negociar, y por primera vez en mucho tiempo no había nada que yo pudiera controlar.
Me quedé en el pasillo exactamente donde me había detenido desde que llegamos, sin acercarme demasiado, pero sin irme tampoco, como si moverme fuera a cambiar algo que y