(Adrián)
El hospital olía a desinfectante y a miedo, aunque lo segundo no estuviera escrito en ninguna parte; se sentía en el aire, en los pasillos silenciosos, en la forma en que todo parecía demasiado blanco, demasiado limpio, demasiado frío para lo que estaba pasando.
Clara estaba al otro lado de esas puertas.
Y yo no podía hacer nada.
No me senté. No me moví más de lo necesario. Me quedé de pie frente a la sala como si eso pudiera mantenerme cerca, como si la distancia no fuera real si no l