DANIELA MOLINA
Despierto sintiendo cómo los rayos del sol golpean mi rostro. Al fijarme bien, noto que llevo puesta la ropa de ayer y caigo en cuenta de que me quedé dormida en los brazos de Lucas.
—¡Qué vergüenza! —digo tapándome la cara, pero una sonrisa tonta aparece en mis labios al recordar su hermoso regalo. Mi vista se dirige a mi caja musical, y sin pensarlo, la tomo para que empiece a sonar—. Hace mucho tiempo nadie me hacía un regalo tan hermoso. Bebé, vas a tener un gran padre —digo