La noche cayó sobre la mansión Miller-Black como una losa de plomo. El aire en el vestíbulo parecía haberse espesado, cargado con el eco de lo que había sucedido en la oficina. Cuando Liam cruzó el umbral, sus pasos, usualmente firmes y decididos, sonaban vacilantes. Por primera vez en su vida, tenía miedo de entrar en su propia casa.
En el salón, la escena lo recibió con una frialdad cortante. Mia estaba sentada en el sofá con una compresa fría sobre la mejilla, mientras Julieta la observaba c