- ¿Amelia? - Los golpes en la puerta y la voz de Alexander despertaron a Amelia del instante de náuseas en que yacía en la cama.
- Está abierta. - Informó, sin ganas de levantarse y continuando tumbada boca abajo en la cama.
Notó el movimiento de la silla de ruedas cuando Alex abrió la puerta y entró en la habitación. El motor empezó a hacer un suave ruido mientras las ruedas se arrastraban hacia ella. Ella sonrió débilmente, sus ojos verdes fijos en los azules de él que la miraban.
- Estás un