UN MES DESPUÉS.
MILE.
—El correo llegó, mi señor. —la ama de llaves me entregó las cartas en la mano.
—Está bien, puede retirarse. —ella asintió y salió de mi estudio.
Algunas cartas pertenecían a mis socios o gerentes de mis negocios fuera de América. Vi la carta que tenía como remitente el nombre de mi hermano y por poco la arrugo entre mis manos debido a los puños que se había formado.
“Serénate Mile, esto no significa nada. Son solo amigos, ella es ahora tu esposa. Tuya” –pensé buscando