MILE
Habíamos pasado una noche cómoda en la cabaña. Cokkie estuvo acurrucada entre mis brazos dejándome mimarla, acariciarla, besarla y nunca me sentí más completo en toda mi vida. Ahora estábamos sentados en los pequeños escalones de la entrada, afuera de la cabaña. Abrazaba a mi esposa por la espalda pegando su espalda a mi pecho, estar lejos de la ciudad traía bastante paz y tranquilidad.
Solo éramos ella y yo, hasta mañana.
—¿Te digo un secreto? —susurré en su oído.
—Me encantaría escucha