Días después, el gran salón del juzgado estaba en completo silencio. Las paredes grises parecían amplificar cada respiración, cada murmullo de los presentes. Marcus estaba sentado junto a Avy y su equipo de abogados, sus manos apretadas sobre la mesa. En el otro lado, Román Santana mantenía una postura firme, aunque una leve tensión en su rostro traicionaba su aparente confianza.
El juez, un hombre de mirada severa y voz imponente, rompió el silencio.
-Iniciaremos con la presentación del caso.