Nada es lo que parece
El juez miró al acusado con ojos encendidos en cólera, una cólera que hubo de contener. Sabía que merecía un par de años de cárcel y que el delito cometido así lo exigía, de lo contrario cualquier persona podría poner una bomba en su vecindario cuando se enfadase hasta por la más mínima y salir indemne. Pero los abogados habían dado la vuelta a los argumentos hábilmente y el poder de los Greene tenía una sombra muy larga. Necesitó unos segundos antes de somet