Guille
La habitación del hotel no se sentía como un lugar donde pasar la noche, sino como una sala de espera. Todo estaba demasiado ordenado y silencioso, con ese olor neutro que tienen los lugares donde nadie vive de verdad.
Me quité la chaqueta apenas entré, la dejé sobre la silla sin acomodarla, como si ese gesto mínimo fuera una forma de resistencia.
Miré el reloj. Gala llegaría cuando quisiera, si es que llegaba. Yo había sido quien exigió hablar, quien impuso la urgencia, pero eso no me