52. No quiero tus dedos.
—Charlie…— Elian también gimió su nombre rozando sus labios con los de joven dejándose llevar por ese extraño magnetismo que lo empujaba a hacerlo.
Malditos labios de tentación que poseía ese chico, que hacían a sus labios temblar por el simple hecho de querer probarlos y ese cabello que no paraba de invitarlo a hundir los dedos en sus rizos y así atraparlo para poder saborear su boca sin que se alejara de él que hubiera ninguna posibilidad de que pudiera rechazarlo.
Joder eso era demasiado, no