53. No me sueltes o me caeré…
El joven tatuador agradecía que la música estuviera tan alta y no se escucharan sus gemidos, porque cada movimiento de su amante estimulaba su próstata con maestría, como follaba el condenado y eso que ni siquiera estaban cómodos ni podían realmente disfrutar de la situación como se debería.
Charlie no podía creer todo lo que experimentaba, nadie jamás lo había hecho sentirse así, joder no quería que terminara, no quería dejarse llevar por lo que su cuerpo le pedía por qué sabía que todo termin