22. Quédate ahí y mírame.
Después de dos orgasmos, Lia se sentía confundida, tenía ganas de experimentar más, y a la vez de que la tierra se abriera y la tragara, con cama y todo, pero que dejara a Evan fuera, porque ese hombre la confundía y la hacía actuar como jamás había actuado.
Cómo ella no tenía con qué comparar, le había parecido una experiencia perfecta, realmente se dejó llevar porque así lo quería, porque se sentía libre para decidir, sin experimentar esa tensión o sensación de estar obligada a ello tan famil