2.3. Ya pueden desembarcar.
El jet privado de los Anderson llegó a la hora prevista a Italia, donde un contento Enzo D’Alturi los esperaba con expresión triunfante en el rostro, había conseguido traer a su socio mucho antes de lo que esperaba y solo necesitó sobornarlo con unas costosas vacaciones en uno de los mejores destinos de Grecia.
Era un buen trato, costoso, pero bueno al fin y al cabo. Para él era de vital importancia resolver los problemas que habían surgido y además venía con su esposa, la desarrolladora de la