44. He venido por mi nieto
Tres días habían pasado y la sonrisa en el rostro de la nueva señora Anderson se mantenía inquebrantable. Cada día, George lograba sorprenderla de formas inesperadas. Esta vez, la llevó al majestuoso Museo del Louvre, un lugar que ella nunca habría imaginado disfrutar tanto, tal vez no era el museo si no la compañía y todo lo que su recién estrenado esposo la hacía experimentar.
Por lo tanto, no esperaba que nada pudiera romper la burbuja de felicidad que George había creado a su alrededor.
Sin