Capítulo 104
Nara intentó incorporarse en la cama, pero su cuerpo estaba demasiado agotado, sus músculos adoloridos como si hubiese corrido una maratón. Marco llevaba un buen rato observándola en silencio, esperando a que despertara. No había conciliado el sueño: temía haberse excedido la noche anterior. Si algo le pasaba a su hijo, jamás se lo perdonaría.
Cuando Nara abrió los ojos, lo primero que vio fue el gesto serio de Marco, sentado a su lado.
—¿Cómo te sientes? —preguntó él, con voz grav