La lluvia seguía golpeando los ventanales como si quisiera atravesar el cristal. Afuera, el jardín se hundía en sombras y el agua formaba ríos sobre el empedrado, reflejando las luces mortecinas de la mansión. Dentro, todo era silencio… un silencio tenso, expectante, que me apretaba el pecho.
Luca permanecía junto a la ventana, con los brazos cruzados, la mirada clavada en la oscuridad. En sus manos, un vaso de whisky a medio tomar. Yo lo observaba en silencio, sabiendo que detrás de esa quietu