— ¡Duele mucho! —logré acomodarme pero las punzadas comenzaron a llegar.
—Respira mi amor. Por favor respira, mandare a buscar a un doctor —de celoso y colérico, mi Antonio pasó a estar alterado y preocupado. —perdóname. Perdón por exponerlos de esta manera por una estúpida discusión.
Besó mi frente y salió del dormitorio, escuchaba desde aquí los gritos de mi esposo a los sirvientes. Rápidamente dos sirvientas vinieron al dormitorio a atenderme.
—Respire mi señora, el señor fue por ayuda. —d