JESÚS.
Regresé a la mansión, frustrado, colérico y preocupado. No deseaba ver a nadie, quería estar solo, Nicolle no estaba aquí. Se sentía vacío y desolado, jamás me puse a pensar en lo grande que se hizo esta maldita casa sin la presencia de mi dulce Mon Amour.
Me encerré en mi estudio, me vuelvo loco mirando las paredes de nuestro dormitorio. El alcohol me nublaba el sentido, maldito. Necesitaba encontrar a Nicolle, tiré la botella contra la puerta del despacho, para mi sorpresa ésta se abr