ELENA
El dolor estaba comenzado a pasar, Antonio me trajo deprisa en una diligencia a la casa de su padre, la cual era la más cercana, me llevó en brazos hacia su antiguo dormitorio y me dejó en la cama con delicadeza.
—Elena. ¿Sigues sintiendo mucho dolor? —preguntó preocupado.
—No tanto, ya estoy bien.
— ¿¡Qué diablos pensabas al enfrentarte a esos hombres en tu estado!? ¿¡Acaso no pensaste en el daño que nuestro hijo pudo sufrir!?
—Antonio estaban secuestrando a Esmee, no podía quedarme plan