ELENA
Miraba a mi hermano y él parecía decidido, estaba contenta de ver cuánto había cambiado por Nicolle, pero ahora no se necesitábamos al Jesús tierno y compasivo, necesito que vuelvo el desgraciado Castelo que destruía a quien se interponía en su camino, por lo menos tan solo por unos minutos.
Antonio me sacó de la mansión, él no dejaba de estar preocupado y aunque no lo mostraba, me gusta ser tan preciada para él. Regresamos a nuestra casa y entre al dormitorio de mi futuro hijo, yo ansia