MAURICE
Salí humillado y golpeado por ese infeliz, mi boca sangraba por culpa de ese desgraciado. Esmee es mía, solo mía, esa maldita zorra no será jamás de él, sino mía, mía.
—Maldito Ferrer. —Grité golpeando los muebles, los sirvientes se marchaban asustados por mi reacción —El desgraciado siempre se entromete en todos mis planes. ¡¿Cómo diablos se enteró de la casa!? Sabía que no debía confiar en esa estúpida muchacha.
Esmee es perfecta, es lo suficientemente bonita para que me engatuse con