JESÚS CASTELO.
Abrí los ojos y su cabeza reposaba sobre mi pecho, la miré detallando su rostro, era una visión de dulzura y tranquilidad al mismo tiempo. Aparté su cabello sin despertarla, la puse a un lado, quité las sábanas y miré su cuerpo desnudo, esos senos firmes y medianos, sus caderas esbeltas y bellamente curvadas.
—Eres preciosa. —me incliné y comencé a besar el comienzo de sus senos, ella se retorció y seguí con mi deber. Chupé su pezón y sus delgados brazos me envolvieron acercándo