JESÚS.
No recuerdo cuando fue la última vez que pisé la residencia de Palacios, al entrar ya nada era tan extravagante y de mal gusto como lo recordaba, mi hermana había decorado la gran residencia con mucha elegancia en cada detalle. El mayordomo me guió hasta la sala de visitas, donde mi hermana me esperaba con una mesa de bocadillos y jugo natural.
— ¿Cómo has estado hermana?
—Eso debería preguntarlo yo, se te ve de cierta manera ¿Feliz? Ya te acostumbraste a tu nueva esposa hermano. —dij