José se puso de pie de inmediato, su imponente figura casi la cubrió por completo, emanando en ese momento una presencia opresiva e intimidante.
Luna no pudo evitar dar un paso atrás, mientras José seguía avanzando hacia ella hasta acorralarla contra la pared, sin dejarle escapatoria alguna. Apoyando una mano en la pared, el hombre se le acercó lentamente.
En ese momento de desesperación, Luna dejó escapar una frase:
—José Rojas, ¿acaso no queda ni un poco de afecto por Nadia en tu corazón des