—¡Pero la empresa la necesita, señor! —Exclamó Álvaro.
—¡Te he dicho que vayas a buscarla! —Ordenó de nuevo Andrés.
Álvaro apretó los labios muy disgustado, pero obedeció con la cabeza.
—Sí, señor.
—Vaya, ¡ni siquiera te importa la empresa! Andrés... ¿qué has hecho? —Sonrió con sarcasmo Leonardo.
...
A Luna le dio tiempo suficiente de cenar, se cambió de ropa y se tumbó en la cama para dormir ligeramente hasta que escuchó un ligero ruido que se acercaba hacia la puerta. Entonces, escuchó con ca