Al lado había una botella de pegante. La sirvienta se reía cubriéndose la boca.
—Miren, la mascota del señor es muy curiosa, lo único que hace siempre es comer y dormir en todo el día. Tiene la cara tan redonda que parece ya un verdadero cerdito.
Nadia sabía que era tonta, pero no era estúpida. Al escucharlas sabía perfectamente que estos días se habían estado riendo de ella por comer demasiado, llamándola «cerda criada por su señor». Podía fingir que en realidad no lo escuchaba, pero con el pas