La mirada matadora de José aterrorizó en Nadia, quien vaciló por un instante y se hizo en ese momento la loca. Pensaba que si no hablaba y fingía mejor no haber oído nada todo pasaría, pero él no estaba dispuesto a dejarla marchar.
Al verla acorralada en una esquina como un asustado y torpe conejito, le levantó la camiseta y vio cómo le salían dos llantitas por encima del pantalón. Había visto mujeres con todo tipo de cuerpos, desde delgadas hasta más gruesas, pero nunca había visto a una mujer