Al verla que no lo rechazaba, Andrés esbozó una pequeña sonrisa. Luna terminó de colocar todas las fotos. Quedó bastante satisfecha al ver el hermoso resultado.
—¿No te vas al trabajo?
—¿No puedo quedarme en casa un rato más contigo? —Andrés estiró con ternura la mano para acariciarle el cabello y deslizó con cuidado los dedos por las marcas de besos en su piel blanca como la nieve—. ¿Te sigue doliendo?
Aunque estaba más tranquila, Luna no pudo evitar sonrojarse al escuchar esas suaves palabra